divendres, 13 de novembre de 2009

HOTEL, MAR, BARRERAS VISUALES (POR LLÀTZER MOIX)

LA VANGUARDIA, 01/10/2009

LA CRÍTICA DE ARQUITECTURA

El hotel W Barcelona, popularmente rebautizado como hotel Vela, nace como un pecado original que muchos no le perdonarán: se levanta entre la ciudad y el mar -para ser exactos, en terreno ganado al mar-, convirtiéndose en una barrera visual. En una ciudad que se abrió al mar hace pocos años, que derribó los chiringuitos de la Barceloneta, este tipo de operaciones rechinan. En un país que trata de aplicar la ley de Costas, también, por más que estemos hablando de terrenos bajo privilegiada administración portuaria.
No es éste el único problema que han afrontado los autores del hotel Vela. Su primer proyecto medía 180 metros. Luego el Ayuntamiento lo recortó a 100 (26 plantas). La vela que iba a ser esbelta se convirtió en rechoncha -lo rechoncho, al parecer, no gusta-, e incapaz además de cobijar todas las habitaciones previstas. Eso obligó a levantar tras la vela un volumen cúbico, que alberga 120 del total de 473 habitaciones (incluyendo 67 suites, de hasta 200 metros, alguna con gran terraza). Y, al lado, un tercer volumen para congresos.
Bofill ha colocado su vela en perpendicular a la costa. Desde el mar, con la debida angulación, casi no se ve. Desde tierra, ya sea desde la Barceloneta o la zona logística del puerto, sí se ve. Y no poco. Quizás por ello el arquitecto ha optado por dar a su edificio un revestimiento de cristal semitransparente que trata de mimetizarlo con el cielo y el mar, adaptándolo a sus luces cambiantes. Y, también, por un repertorio de líneas curvas, en sintonía con el oleaje, que no sólo se expresan en el alzado del hotel Vela: atendiendo a la forma de la planta, podríamos llamarle hotel pez. En todo caso, Bofill tilda su obra de "escultura arquitectónica"
La clientela de los hoteles W, integrada en la cadena Starwood, es yuppie, fashion, alegre y amante de la fiesta. De modo que este hotel está equipado con bares y restaurantes, y rodeado por zonas de solarium y piscina, que evocan Miami o los Emiratos. Los W se ufanan del concepto Wow (tradúzcase guau), onomatopeya que muestra pasmo ante, por ejemplo, una gran panorámica. Aquí, con todas las habitaciones exteriores, abundan. En los interiores, hay profusión de tonos cálidos, con predominio de rojos. Y desde las alturas del Sky Bar, las inéditas y semicirculares vistas sobre Barcelona o el mar dejan sin aliento.
Mención aparte merece la ordenación urbanística. El W Barcelona se levanta en una zona de 10 hectáreas ganadas al mar, junto a la nueva bocana del puerto, donde en un futuro lo acompañarán un puerto deportivo y el Parque de Neurociencias de Cataluña. El resto son espacios públicos, que enlazan, mediante un paseo peatonal y ciclista, con el lejano Fòrum. Dichos espacios se dividen en dos ámbitos. Uno, a nivel de calle, está equipado con palmeras. El otro, sobre el aparcamiento del hotel, es más duro, más elevado y forma un gran balcón marítimo. Desde su cota superior ofrece espléndidas vistas mediterráneas (mejores que las que hay bajo la placa fotovoltaica del Fòrum). Pero, desde el nivel anterior, constituye otra barrera visual y oculta el mar.
Ricardo Bofill mereció generalizados aplausos por su nueva terminal del aeropuerto de Barcelona. El hotel W no le reportará los mismos parabienes.

Article aportat per VEI