dilluns, 24 de març de 2008

BCN WEEK (JULIO 2007)


V.E.I
VÍCTIMA
ESPECULACIÓN
INMOBILIARIA

LA BARCELONETA EN EL 2017: DEMASIADO FICTICIO PARA NO SER VERDAD (MAYA BRAUN)

La vida, desde la 22ª planta de un piso alquilado por un día, no puede ser mejor. Desde esas alturas podemos deleitarnos con las vistas del barrio conocido oficialmente como La Barceloneta, pero cariñosamente bautizado por sus nuevos residentes como "Disneyneta". La Disneyneta, el mejor prototipo de una ciudad simulada: una ciudad en la cual los sueños se hacen realidad, un paraíso donde las esperanzas por un mundo ideal son verdaderas. El vecindario en sí mismo es todo calidez humana. Todo el barrio se conoce y son amigos. Las risas, la alegría, imaginación y creatividad abundan por doquier. Nadie llora en Disneyneta, nadie insulta, nadie tiene preocupaciones. Como en una ciudad real, la gente está dirigida a través de organizadas corrientes y flujos. Siguen flechas, señales. Hacen cola. Es parecido a la conducción entre las líneas pintadas de las calles reales. Disneyneta es la versión en miniatura de la BCN ideal. Las normas son obedecidas. Éste es un barrio en el cual el asesinato, la violación o el adulterio no existen. En el cual la pobreza, la suciedad y las mierdas de perro en la calle son cosa del pasado. Imagina el Pueblo Español, añádele el parque de atracciones del Tibidabo y multiplícalo por las playas del Caribe y por la cultura de pesca mediterránea. Imagina una maravillosa postal, un lugar perfecto. Un gueto para la gente guapa.

Los sudorosos y polvorientos vendedores de cerveza con su mal inglés arriba y abajo por la playa -siempre atentos a la policía y expandiendo la inquietud-, son reemplazados por bellezas bronceadas cuyos dientes blancos destellearán con el sol. Cuidadosamente van de puntillas por la arena vendiendo refrescos muy fríos, acompañadas de fornidos hombres que sustituirán a los masajes huesudos de los asiáticos. Para más inri, los antiguos chiringuitos serán ahora cadenas de comida rápida donde la sepia y el lenguado, las bravas, los pimientos de padrón o la paella son hechos para llevar, para ser disfrutados mientras escuchas a alguien cantando flamenco sentado en la playa. O puede que comas viendo el espectáculo diario de sardanas mientras los trabajadores/as de BCNeta limpian las calles con sus trajes de pescador-marinero.

Si hay algo de lo que no se puede quejar en Disneyneta es de la abundancia de cosas que ver y hacer allí. Especialmente popular para los residentes y los visitantes por igual es el "Barrio cutre", una hilera de tres calles que han sido seccionadas del resto del parque temático. Es contundentemente real, y a la vez un retorcido viaje al pasado, cuando decides entrar en tan singulares calles. El ruido de épocas pasadas emana de los impresionantes equipos de sonido instalados estratégicamente en este "barrio cutre": las gaviotas cantando y aleteando con fuerza sus alas, perro ladrando y las motos relinchando en la distancia. Una mujer vocifera en español o catalán la calor que hace o los altos precios de las patatas en el mercado.

El estruendo de la televisión se deja notar. Un hombre con tos de fumador aspira una profunda bocanada de aire y escupe un gargajo. Está todo allí: no sólo los sonidos, sino también los olores, las apariencias, las gentes. Las abuelas con sus calcetines de algodón sentadas en la entrada de sus pequeños y sucios pisos de una planta.

Sin moverse, únicamente respirando, o tendiendo la ropa en sus balcones. Huele un poco húmedo, también a pescado, y se nota el olor del humo del tabaco. De vez en cuando una mujer aparecerá por alguna ventana para dar unos cuantos pañales a una niña que se los llevará a su madre. Ésta da las gracias y los deja en el carrito de su hermano recién nacido, mientras su madre sirve a unos cuantos mayores unos quintos y bravas. Al entrar a uno de estos bares con ambiente tan cargado, una turista es saludada al grito de ¡guapa! con vítores y silbidos de hombres con una gran panza.

La atracción favorita, sin embargo, es el ascensor en la esquina del Paseo Nacional y la calle Maquinista que transporta a 50 personas de una vez. Lenta y agradablemente, con rumba catalana sonando por los altavoces, alcanzamos los 180 metros de altura, más alto que cualquier rascacielos del barrio. Aunque lo más divertido comienza cuando llegas a la cima de este edificio. Es una especie de "paint ball" (guerra con munición que son bolas de pintura). Al salir del ascensor los visitantes tienen dos opciones: si pasan por la puerta A, serán saludados por comerciales del tecnocasa; si escogen la puerta B, entrarán en el Mundo Okupa. Acorde con su elección, serán vestidos con un traje y corbata verde -móvil incluido- o con rastas, cuatro harapos y un perro. La adrenalina sube por sus venas cuando tienen que entrar en un edificio tan abandonado como siniestro. Allí, en colaboración con sus amigos, tienen que hacerlo lo mejor posible. Dependiendo del bando en el que estén tendrán que matar al pasado...o acabar con el futuro.

1 comentari:

pescadito ha dit...

me gusta "disneyneta", es una buena metáfora... Se han olvidado de itzi poppins y sus colaboradoras judith y berta mouse y virginia donald

PS: antes de que nadie diga nada porque se siente profundamente ofendido: la caricatura es una de las críticas políticas más antiguas de la historia

http://www.elplural.com/media/0000007000/0000007174.jpg

http://foroelsalvador.blogia.com/upload/20061207102448-zapatero-caricatura.jpg
http://www.amb.cat/image/image_gallery?img_id=276
y www.eljueves.es claro