diumenge 7 de febrer de 2010

La Barceloneta rehabilita las primeras fincas beneficiadas por el Plan de Barrios

El barrio de la Barceloneta de Barcelona ha empezado a rehabilitar las primeras tres fincas beneficiadas por el Plan de Barrios, que ha supuesto que la rehabilitación de fachadas y escaleras de acceso a los denominados cuartos de casa del barrio pase por delante a la instalación de ascensores.

Las reformas se pagarán con fondos de la quinta convocatoria de la Ley de Barrios y de los vecinos. Inicialmente, el Ayuntamiento elaboró el denominado Plan de los Ascensores, que, de haberse aplicado, habría obligado a tocar las viviendas del 90 por ciento de los edificios del barrio, lo que provocó oposición vecinal.

La concejal del distrito de Ciutat Vella, Itziar González, consideró que la Barceloneta "merecía" un plan así, y garantizó que nadie quedará excluido y el blindaje ante los pisos turísticos, ya que los propietarios de pisos vacíos sólo recibirán la subvención si garantizan que lo destinan a los vecinos o lo incluyen en la bolsa municipal de alquiler.

Explicó que 68 comunidades han contactado con la oficina, que empezó a funcionar el 22 de septiembre para desplegar el Plan de Barrios, y 34 han iniciado el proceso para acogerse a las ayudas. De ellas, 17 han hecho el estudio de viabilidad previo, de las cuales tres han firmado el convenio para realizar las obras y dos lo harán próximamente.

MAGATZEMS Y GRAU I TORRAS

Según informó el Ayuntamiento, se trata de un edificio del número 1 de la calle Magatzems, donde se invertirán 163.161 euros y opta a 98.886 euros de subvención; el número 47-49 de Grau i Torras, cuyas obras costarán 199.050 euros y opta a 126.313 euros, y el 45 de Pontevedra, donde se gastará 193.358 euros y la subvención es de 110.000 euros.

La finca de la calle Magatzems es la primera donde ya han empezado las obras, que la comunidad decidió tirar adelante en asamblea el 26 de noviembre. El proyecto incluye intervenciones en la fachada, en la escalera de vecinos, instalaciones comunitarias y se restaurará el estuco original de la fachada y las aperturas arqueadas de la planta baja.

Como que es un edificio con interés histórico y arquitectónico, opta a una ayuda adicional del 10%. Por regla general, el plan de barrios paga hasta el 60% del presupuesto, con un límite de 10.000 euros. En fincas catalogadas es del 70% y los vecinos con rentas bajas tienen una subvención completa.

Publicat al diari QUÉ

divendres 5 de febrer de 2010

La Barceloneta necesita más aire

Martes , 02-02-10
La concejal de Ciutat Vella, la independiente Itzíar González, se encontró varios marrones sobre la mesa (por así decirlo) cuando asumió el cargo al inicio del mandato: uno de ellos era el Plan de Reforma Interior de la Barceloneta (PERI), más conocido como Plan de Ascensores, un ambicioso proyecto que pretendía dotar de elevadores a 5.000 viviendas de un barrio dominado por los llamados «quarts de casa» y que tres años después de su aprobación puede considerarse como un plan fallido.
Tan ambicioso y osado como mal explicado, el PERI tuvo que ser reformulado ante la oposición frontal de parte de los vecinos, cuyo movimiento asociativo quedó fracturado entre posibilistas, capitaneados por Àngels Simarro, y frentistas, estos representados por la recientemente fallecida Emilia Llorca.
La posibilidad de que una comunidad de propietarios acordase la «expropiación» de un piso por planta para instalar un ascensor sublevó el barrio marinero, con lo que la concejal González, a quien los vecinos reconocen predisposición y actitud dialogante, tuvo que reformular el proyecto, endurecer las condiciones de expropiación y apostar por el microurbanismo y el estudio escalera a escalera, piso a piso.
16 millones
Sin embargo, a un Plan de Ascensores rebajado en ambición se sumó luego un nuevo paquete de ayudas al incluirse la Barceloneta como uno de los proyectos de la ley de Barrios de la Generalitat, 16 millones de inversión a aplicar de manera más flexible y que meses después empiezan a dar sus primeros frutos.
La concejal González explicó ayer son ya tres las comunidades de vecinos que han empezado obras de mejora de los edificios, que la administración cubre en un 60 por ciento. Según el Ayuntamiento, 68 escaleras han solicitado información, la mitad de ellas han iniciado los trámites y 17 ya han hecho el estudio de viabilidad. Con bloques con los elementos comunes muy deteriorados, algunos todavía con corriente a 125 vatios y agua de deposito, la Barceloneta comienza tímidamente a ponerse guapa.
Mientras que la ayudas del Plan de Barrios están empezando a llegar, el reformulado Plan de Ascensores sigue encallado, en lo que muchos denuncian ya que es la antesala de su fracaso definitivo.
Ante esta situación, la portavoz vecinal Àngels Simarro, considera que es necesario dar un nuevo impulso, empezando por la construcción de los pisos que al lado de la Estación de Francia deben acoger a los realojados por las reformas del PERI. Si los vecinos ya denunciaron que estas viviendas se redujeran de 180 a 120, ahora ven como las únicas que se construyen son las que promueva la iniciativa privada, denuncia Simarro.

Publicat diari ABC

dimarts 2 de febrer de 2010

CLONAR LA ÉPICA DEL 92

LA VANGUARDIA, 15/01/2010

(POR FRANCESC-MARC ÁLVARO)

Dejemos a un lado el tono improvisado y el cariz electoralista del anuncio de la candidatura a los Juegos Olímpicos de invierno del 2022, apartemos el debate sobre los beneficios que podría traer la organización de un gran evento de este tipo, y centrémonos en la pregunta clave sobre la ciudad y el país: ¿debe Barcelona seguir creciendo a partir de representaciones que tratan de reunir, en un paquete, inversión económica extraordinaria, consenso político sin músculo y alegrías ciudadanas de diseño?
Un gobernante, y más si está en apuros electorales, no debería confundir sus ansias particulares con las necesidades colectivas. Una cosa es tratar de subir puntos en las encuestas y otra, muy distinta, intentar clonar la épica de los Juegos Olímpicos de 1992. Hay éxitos de los que uno no se recupera nunca y, a la vista de las trayectorias de Joan Clos y Jordi Hereu, está claro que la búsqueda obsesiva de otro instante Cobi no hace más que poner en evidencia la enorme distancia con respecto a Pasqual Maragall. Además, el actual alcalde se había mostrado contrario, tras el fiasco del Fòrum de les Cultures, a seguir impulsando el crecimiento de Barcelona a través de este tipo de acontecimientos, versión televisiva de las exposiciones universales que asombraron a nuestros abuelos. Ha cambiado de opinión.
¿Sabemos qué Barcelona queremos para el futuro? Si los Juegos de invierno son una respuesta, ¿cuál era la pregunta? ¿Podemos pensar la ciudad sin necesidad de pagar tributo a la nostalgia y al espectáculo efímero? ¿Es serio intentar que el espíritu de una época pasada venga en ayuda del presente sombrío? ¿Es factible clonar la épica del 92 cuando el liderazgo que la alumbró ya no existe y cuando -todo hay que decirlo- demasiadas decepciones se han incrustado en la piel de muchos de aquellos que bailaron hasta el amanecer? Son preguntas que nadie contestará, pero son pertinentes. Porque no andamos sobrados de energías colectivas y porque vamos agotando los gestos sublimes en derrotas que, luego, no queremos ver como tales, verbigracia la propuesta de gestión del aeropuerto de El Prat, enésimo gol del Gobierno central a unas élites locales que olvidan, con notable facilidad, sus demandas más justas y sus días de mayor coraje.
Se pueden copiar objetos y se pueden clonar animales, pero la épica no admite imitaciones ni rebobinados. Cada período fabrica su ánimo, pero lo hace explorando el porvenir -inquietudes, expectativas, apuestas y sombras- y dejando que lo acontecido sedimente en ese espacio que limita al norte con las ruinas y al sur con las deudas. Las épicas no aparecen en los retrovisores, lo cual nos alerta sobre la amenaza obsolescente que sufren los que confunden contenido con continente, ilusión con emulsión. No sabemos por qué le siguen llamando política cuando sólo es aburrimiento.

Article aportat per VEI

dilluns 1 de febrer de 2010

Un vecino de la Barceloneta lleva 7 años con una licencia de obras encallada

HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Sentado en su destartalado salón con unas envidiables vistas de la Barceloneta, Jordi Iborra ríe por no llorar. Poco podía imaginar en el 2003, cuando adquirió la vieja finca de la calle de Pontevedra, 56 para rehabilitarla por completo y abrir un restaurante, que siete años después el imponente edificio seguiría en estado semirruinoso y él seguiría sin su anhelado negocio y con una descomunal hipoteca. Todo por los caprichos de la línea que marca la zona marítimo-terrestre (ZMT) y por un cúmulo de despropósitos. Y es que, tres años después de la firma del convenio entre Estado y ayuntamiento para que la ciudad recupere los terrenos afectados por la ZMT, Hacienda aún no los ha desafectado.
Vecino de la Barceloneta de cuarta generación tanto por parte de padre como de madre –como no se cansa de recordar–, Iborra compró la finca de la discordia en el 2003, después de que los técnicos del distrito de Ciutat Vella le certificaran que podría construir un edificio plurifamiliar de planta baja más cuatro plantas y «libre de cualquier afectación». Ni una sola palabra sobre la famosa ZMT por la que estaba afectada el edificio, y que tantos dolores de cabeza le ha provocado.
Es decir, la finca se encontraba en terrenos de carácter público bajo control del Estado, en los que no se puede construir, por lo que, pese al previo certificado municipal, a Iborra le denegaron la licencia para construir el restaurante. Local para el que ya tenía proyecto arquitectónico que, ironías de la vida, fue seleccionado por el exarquitecto municipal, Josep Antoni Acebillo, para representar los planes de futuro de Ciutat Vella en la exposición del Fòrum 2004 Barcelona in progress (los planos están publicados en el catálogo de la exposición, junto a los del mercado de Santa Caterina).

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