dimecres, 10 de febrer del 2010

SUEÑOS NEVADOS

LA VANGUARDIA, 15/01/2010
(POR ALBERT GIMENO)

El desespero tiene esas cosas. Uno se ve con el agua al cuello y es capaz de remover cielo y tierra para tratar de revertir una situación. Es como quien se siente acuciado por las deudas y acude al casino como carta de salvación. Apuesta el capital que le queda a un número de la ruleta y espera que la fortuna ilumine su camino. La flauta suena a veces, pero la realidad, contumaz y caprichosa, se encarga de poner a todo el mundo en su sitio. Esa es la sensación que a muchos, quizás demasiados, nos da el último anuncio/deseo del Ayuntamiento de Barcelona. Jordi Hereu lo hizo público en una rueda de prensa en solitario, sin presencia ni apoyo de colaboradores, en una especie de western tipo Solo ante el peligro.

Más allá del acierto o no que implique la decisión de solicitar para Barcelona los Juegos Olímpicos de invierno, lo que realmente choca de la medida es su oportunismo electoral. A nadie se le escapan las dificultades que atraviesa el equipo del gobierno municipal, con unas encuestas que son como para que se les pongan los pelos de punta. Pero el ciudadano no es tan ingenuo como creen muchas veces algunos tecnócratas. Seguro que a todo el mundo le encantaría que la capital catalana, en alianza con el Pirineo y pese a pisarle el callo a otra parte del Pirineo, pudiese volver a lucir en la escena internacional. Sería un bonito sueño, pero muchas veces nos traiciona el recuerdo de un episodio espectacular de nuestra vida, como fue para la ciudad la cita de 1992. Aferrarse a los recuerdos y creer que las consecuencias de un nuevo proyecto pueden ser similares es un error.

Es posible que el alcalde, quizás más el alcalde que otros miembros de su guardia pretoriana, crea firmemente en la bondad de un proyecto de enjundia para la ciudad, pero una virtud para un político es detectar qué necesita el ciudadano. Y en ese capítulo, tengo la sensación de que la gente está más preocupada por las cosas que no funcionan que por retos grandilocuentes, de dudoso futuro. ¿Alguien tiene la sensación de que los tres años de esfuerzo y dinero le van a servir a Barcelona de algo para tratar de convertirse en candidatura? ¿Nadie tiene la sensación de que el Comité Olímpico Español decidirá en el 2013 que la candidatura española sea Jaca, en lugar de una ciudad que ya ha sido olímpica? Demasiados riesgos.

La ilusión es imprescindible en la vida, pero el realismo también. Y a mucha gente le costará quitarse de la cabeza que la apuesta del 2022 lleva grabado en el dobladillo la imperiosa necesidad de sus munícipes de demostrarle al ciudadano que ostenta capacidad de liderazgo y de empuje. Ojalá que toda esa energía no se evapore sólo tratando de que el curling tome Montjuïc. Debería extenderse a los temas graves que de verdad preocupan al ciudadano. Y los que le renovarán o le quitarán la alcadía a Hereu.


Article aportat per VEI