diumenge, 1 d’agost del 2010

EL RAPTO DE EUROPA

LA VANGUARDIA, 01/06/2010


(POR QUIM MONZÓ)


El sábado 3 por la noche, cuando en el 33 quedó claro que la derrota de la USAP ante el Clermont-Ferrand no tenía vuelta de hoja, me dediqué al zapping y descubrí que en La 1 estaban dando el Festival de Eurovisión. Me quedé un rato, pasmado por que todo continúe como décadas atrás, tan de brillantina barata, y añoré aquellos tiempos en los que me divertía fingir que Eurovisión me apasionaba, para escándalo de los barbudos concienciados con los que trataba. La esencia del festival no ha cambiado, pero uno sí, y lo que a cierta edad te parece ocurrente, con los años te aburre. Y ahí estaba un servidor, viendo como, a diferencia de otros tiempos, ahora la mayoría de las televisiones concursan con canciones en inglés: Alemania, Turquía, Bélgica, Dinamarca, Rumanía… El espectacular vestido de la cantante rumana me despistó un rato, pero cuando se hubo ido volví a pensar: ¿es esto Europa? Recuerdo los años sesenta en los que –gracias al Festival de Sanremo y al del Mediterráneo- era normal oír cantar en italiano, francés o griego. Europa no había caído en la uniformización actual y, sin buscarlo, todos acabábamos memorizando letras en italiano y en francés, e incluso estribillos en griego. En el mismo Festival de Eurovisión, hasta mediados de los años setenta escuchabas lenguas diversas. A partir del momento en el que la tele sueca hizo bandera de Abba, el inglés avanzó cual apisonadora.

Hasta llegar a la anglicización actual. Que el inglés se haya convertido en la koiné de nuestra época me parece de maravilla. Pero, ¿es lógico que en un festival de canciones “europeo” apenas se oigan otras lenguas? Ni que sea para escuchar cómo suenan. Supongo que es inevitable, y les aseguro que no me quita ni una hora de sueño, pero no puedo evitar que me dé grima ver a los representantes de las teles noruega, rusa, sueca, lituana, georgiana, croata, austriaca, letona, turca, albanesa o estonia cantando en un inglés poligonero. En estos últimos tiempos, en Estados Unidos el mundo literario intenta luchar contra la carencia que les supone vivir aislados del resto de las literaturas del mundo, que apenas conocen. Su aislamiento nace del hecho de que el inglés es una lengua todopoderosa, y esa gran ventaja les hace caer en el espejismo de creerse autosuficientes, lingüística y literariamente. Para luchar contra esa anormalidad, algunos críticos con dos dedos de frente impulsan iniciativas (Three Percent, Words without Borders…) para abrir su literatura a las escritas en otras lenguas. Mientras –y salvando las evidentes distancias entre el mundo literario y el de la música pop-, en Europa negamos la riqueza, la diversidad en la que vivimos, para uniformarnos a base de tendencia globish de la que hace que Eurovisión se parezca cada vez más a un bar de Lloret con guiris suburbiales –europeos todos, eso sí- calcinados por el sol que más calienta.


Article aportat per VEI