diumenge, 4 d’octubre de 2009

LOS SUEÑOS DE LA SEDUCCIÓN

¡Hola! Esta semana, si os parece bien, me gustaría provocar un poco y publicar este artículo muy reciente a favor del hotel vela.

LA VANGUARDIA, 02/10/2009

LOS SUEÑOS DE LA SEDUCCIÓN (POR ALBERT GIMENO)


La Barcelona amable, la de diseño, la que disfruta y la que luce ha dado un paso adelante con la inauguración del hotel W. La capital catalana ya tiene un nuevo estandarte que colocar en su sky line y mientras una parte de la ciudadanía todavía tiene cara de no entender nada respecto a esa vela de cemento que se ha erigido frente al mar, otros muchos disfrutarán del toque de modernidad que supone tener una atalaya privilegiada desde la que contemplar una Barcelona hermosa, al menos desde el aire. El nuevo hotel viene también a alimentar la batería de hoteles de alto standing que tiene la ciudad y que deben funcionar a pleno rendimiento ante el deseo de que el turismo de calidad esté cada vez más presente.
De hecho, que Barcelona dé facilidades para que los turistas con posibles (y con un poco más de educación que el hooligan borrachuzo) aterricen con más frecuencia en la capital catalana es bueno para todos. La administración y la industria hotelera, y la ciudad en general, tienen que cruzar los dedos para que la imagen exterior de Barcelona mantenga el tono. Por ello, tan importante como crear nuevos espacios, mejores infraestructuras y hacer realidad miradores de ensueño es que el gobierno de la ciudad no baje la guardia en todos aquellos asuntos que son imprescindibles para que la vida en la calle sea más agradable. Junto a la ciudad de los sueños y del glamur existe otra de aspecto lúgubre que no invita a que la gente se mate por venir a Barcelona, y mucho menos a que los residentes incrementen su grado de satisfacción por vivir en ella. La ciudad tiene que seguir alimentando la gallina de los huevos de oro que no es otra que la capacidad de seducción. Pero después de seducir, como en la vida real, hay que mantener el embrujo para que el invento no quede reducido a una especie de decorado de spaghetti western en el desierto almeriense de Tabernas.
Es decir, que el turista y el ciudadano de casa se pueda tomar una copa en la terraza del W o de cualquier otro hotel de ensueño de esta ciudad y que luego en la calle no tenga que vigilar sus pertenencias como si estuviese poseído por el diablo. Sólo así, combinando el disfrute del lujo con la limpieza de lo que se esconde bajo la alfombra, Barcelona podrá seguir alimentando su encanto y se situará en mejores condiciones para disputar la carrera que debería preocuparle en todo momento: la de llegar a ser una ciudad más confortable.

Article aportat per VEI