dimecres, 19 d’agost de 2009

PEREGRINO TEMÁTICO SOY (POR FRANCESC-MARC ÁLVARO)

LA VANGUARDIA, 10/08/2009

Ahora, precisamente ahora que pensaba iniciar una ruta mística por los parques temáticos de las Españas, me entero de que este negocio no es tan fenomenal como lo pintaban hace años y que sólo a Port Aventura le salen las cuentas. Recuerdo que hubo un tiempo en que políticos. financieros, inversores, saltimbanquis y nigromantes nos daban la tabarra a todas horas con lo que parecía el gran invento para relanzar el sector turístico. Decían parque temático y era como hablar de El Dorado, todo el mundo pensaba que se forraría. Algunos ilustres próceres podrían relatar con detalle las alucinantes batallas de todo tipo que desató, en su momento, el proyecto de lo que acabó siendo bautizado como Port Aventura. Y otros próceres, no sé si más o menos ilustres, podrían, algún día, confesar también las peripecias peculiares -por decirlo suavemente- que rodearon la creación de Terra Mítica.
Hoy por hoy, según dice sabiamente el tío Baixamar, hemos descubierto (una vez más) que esto no es América y que el personal prefiere, puestos a recorrer parques temáticos, perderse en ciertas localidades de playa o montaña donde el kitsch vacacional es mucho más horrendo y barato.. Será que aquí ya inventamos lo del parque temático antes de que lo hicieran los yanquis. ¿Acaso el recinto del Pueblo Español, en Barcelona, no es un parque temático con todas las de la ley? Que fuera un proyecto encargado por el dictador Primo de Rivera para ensalzar la unidad de la patria laboriosa en lugar de un sueño de Walt Disney para consumo de la clase media es un detalle de poca monta. Lo que importa es el artefacto. Digamos que todo españolito que viene al mundo lleva incorporado un parque temático de serie, cosa que se comprueba fácilmente si uno se dedica a recorrer la bonita geografía vacacional con el espíritu aventurero de un viajero inglés del siglo XIX. Nunca defrauda.
¿Por qué imitar los parques temáticos de Estados Unidos? Puestos a reivindicar nuestras denominaciones de origen más celebradas, con el modelo Benidorm, el modelo Marbella y el modelo Lloret conseguimos un milagro de luz y de color que, hasta que nos atrapen los marroquíes y los tunecinos, todavía puede exprimirse un rato largo. Además, el festival de Marbella (referente obligado de la tradicional amistad hispano-árabe) combina la bella historia de Alí Babá con esa serie de policías de Miami que nos deleitó en los años ochenta del siglo pasado. España y yo somos así, señora. Olvídense de parques temáticos de inspiración protestante y busquen, por ejemplo, el sabor autárquico en el tenderete donde El Tío de la Bota les ofrece ese vino tan racial, servido con la inevitable banderilla. Es como votar a Rosa Díez, pero con efectos más breves.
En vez del camino de Santiago, emprendo la ruta de los parques temáticos. La fe mueve terrenos.

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