diumenge, 6 d’abril de 2008

BARCELONETA (BY MICHAEL JONES) "BCN WEEK (JULIO 2007)"


V.E.I
VÍCTIMA
ESPECULACIÓN
INMOBILIARIA

¿Qué hace latir al corazón de un barrio? ¿Cómo piensa su cabeza? ¿Son estas personificaciones ridículas para ponerlas a un puñado de bloques de cemento? Empezaremos una serie de artículos investigando las partes que forman el todo de una ciudad, escritas por sus propios expertos.

Tanto si hace sol como si no, estemos o no de fiesta, en este salado y a veces tenebroso barrio siempre veo cosas diferentes que en el resto de la ciudad ni me imaginaría ver. A veces son tan obvias como una tormenta que aparece en un mar sin fin o como el huracán formado por un botellón de cava rosa de la Champañería. Pero más a menudo es algo así como un chico en su treintena andando por la calle completamente desnudo y vistiendo una gabardina que lo deja ver todo. O la sensación de que estoy siendo observado por los vecinos de al lado, que encuentran mis actividades más interesantes que ver lo que ponen en la televisión.


Siempre he pensado que La Barceloneta era como una especie de tesoro oculto. No importa cuántos turistas paseen por sus calles, cuántos restaurantes te vendan una paella fría y que ha sido utilizada anteriormente miles de veces, o cuántas gallinas salgan gritando de las discotecas de mierda del puerto olímpico. Siempre he sentido que estaba tan sólo a una calle de distancia de algo humilde, humano y, extrañamente, familiar. Esta familiaridad está entendida mucho más allá de coincidir en La Barceloneta con muchos compatriotas míos. Más adelante, sin embargo, esa sensación tan cercana es mucho más difícil de encontrar. Veo solares vacíos con carteles prometiendo nuevos hoteles en lugares donde antes habían casas insustituibles y un bar encantador (D.E.P. Bar Paraíso). O me impresiona el enorme gasto, 7 millones de $, en el mercado abierto este marzo (hecho en un perfecto color gris industrial, ideal para las cagadas de las palomas).


Los cambios nos llegan a todos pero, en este caso, las transformaciones de BCN están lideradas por su clase política. Recientemente el ayuntamiento ha dicho que tendrá que forzar a que 1000 familias evacuen sus hogares para poner un ascensor (asegurando que no se trata de acoso inmobiliario). Esas 1000 familias afectadas representan a un 20% de la población de La Barceloneta. Los técnicos de la ciudad nos dicen que los ascensores se ponen para mejorar la calidad de vida de las personas mayores del barrio, pero tan repentino interés por este sector de la población no resulta a la gente demasiado sincero. La razón está más dirigida hacia atraer al turismo y a su dinero.

A través de las décadas pasadas hemos visto la caída de la pesca -tanto en sus capturas como en el porcentaje de gente empleada- y la constante desaparición de la clase obrera en La Barceloneta. Si a esto le unimos el protagonismo que le otorgó los juegos olímpicos, y en menor grado el fórum, entonces observamos que la evolución actual del barrio es, posiblemente, inevitable. Pero estos cambios tienen un sentido misterioso de finalidad circular. Después de todo, La Barceloneta fue fundada para realojar a las personas afectadas por otra actuación urbanística, en este caso la creación de la Ciutadella.


Así, visto lo anterior, me tengo que preguntar, ¿el fin de La Barceloneta está causado por la intervención del ayuntamiento? ¿Por la aproximación del barrio al resto de la ciudad para atraer el dinero del turismo? Bien, como dije anteriormente, los cambios nos llegan a todos. A pesar de que pienso un poco en términos apocalípticos, creo que es importante simplemente reconocer y apreciar lo que nos está ofreciendo la realidad: un fenómeno atemporal donde lo que es nuevo y prometedor existe con lo antiguo en una extraña relación en la que prima la inseguridad y la desconfianza hacia la otra parte. Por supuesto, lo antiguo morirá y caerá, ya que lo hace siempre. Sin embargo, somos privilegiados al poder experimentar esta maravillosa ruptura de épocas. Una ruptura en la que lo contemporáneo se mantiene -pero con una rápida obsolescencia- mientras que a lo obsoleto se le da otra oportunidad. Las tradiciones -nacidas desde una carencia general de significados- y los excesos son ahora mezclados con vidas extravagantes de tierras foráneas. El conflicto entre estas dos bestias ya ha creado otra faceta fugaz de este barrio.